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“De
narcos, gamonales, reyes, dictadores y otras vainas” “Y
el camino no tenía por qué ser, ni era posible que fuera únicamente el que se exigía con imperio de vencedores expoliadores, o sea: que la nación
vencida renuncie a su alma, aunque no sea sino en la apariencia, formalmente,
y tome la de los vencedores, es decir, que se aculture”. Este es un fragmento de las palabras de José María Arguedas en el acto de entrega del premio «Inca
Gracilazo de «No soy un aculturado…», decía Arguedas hace treinta y siete años. En tanto yo, escribo estos apuntes consciente, que solo llegará a unos cuantos o quizás será un escrito inédito. Los medios de comunicación, y hablo de la prensa escrita, radial y televisiva, es incapaz de expresar otra cosa que no sea portadora de sus intereses. En eso estoy convencido. Por eso utilizo este medio para compartirles estas ideas, con el solo propósito que asumamos el derecho a expresarnos, a eso que ellos llaman: libertad de expresión. Porque como reza el refrán “el que calla otorga”. Yo,
igual que muchos dule nací y crecí en la ciudad de Panamá, por eso siempre me he considerado un dule urbano, hoy sin temor a equivocarme somos casi la mitad los que vivimos en la periferia de la ciudad de Panamá. Pero luego de compartir por muchos años con mis padres, abuelos y amistades, me di cuenta que me unía a los dule insulares y ribereños, el idioma, la historia, el arte y mi rostro. Es inconfundible un dule con un emberá o un ngöbe
con un waunan. El
sistema occidental desea que nos olvidemos de quiénes somos, por lo tanto, todo su engranaje estará para confundirnos y negándonos siempre nuestra identidad, nuestra cultura, nuestras formas de gobernar y administrar nuestro pueblo. Es por eso que para nosotros no es nada nuevo que este sistema a través de su quinto poder, exprese y cultive la indiferencia y la intolerancia. Esta cultura neomodernista que quiere metamorfear la diversidad cultural en una cultura homogénea, es la que está detrás de estos intereses de indignar nuestras verdaderas raíces. Eso me hecho ver que vivimos en un país racista. Y yo soy producto de este sistema. Desde pequeño siempre he vivido en esa realidad. Hasta que un día llegó a mis manos un libro anónimo
titulado Las Mil y Una Noche,
en ella conocí parte de la colección de cuentos de origen persa, árabe, hindú y egipcio, recopilados a lo largo de siglos una rica literatura oriental. Llegó después El
Corán y conocí la cultura musulmana. Conocí el I Ching,
Libro de las mutaciones de la literatura china. También desde muy niño había leído De
vez en cuando leo el periódico. Prefiero leer a J.M. Arguedas, A. Roa Bastos, Antoine de Saint-Exupéry Juan Rulfo, Richard Bach, Edgar A. Poe o ver una película de Michel Moore o Tim Burton, mis favoritos. Por eso cuando salió el comentario sobre el narcotráfico y los dule, me enteré dos días después. Pensé que se debía quizás por el escándalo que protagonizaba un diputado dule, Rogelio Alba. Nunca he entablado una conversación con el diputado Alba, solo un hola y hasta luego. Así que me senté a revisar en internet la página del diario «El Panamá América», donde surgieron los comentarios de amigos y amigas que había leído y escuchado comentando sobre el tema. El periódico cataloga en cuatro palabras a los dule y su pueblo como: “santuario de narcos, gamonales, reyes y dictadores”. Después de leído esto, volví a
releer a Arguedas, el maestro, y
me decía: “… me lanzaron en esa morada
donde la ternura es más intensa que el odio y donde, por eso mismo, el odio
no es perturbador sino fuego que impulsa”. (Tomado de «No soy un aculturado…») Pienso
que el sistema panameño ha olvidado lo que ha sido y son, y nos quieren imponer sus propios defectos. Esos comentarios me hicieron recordar los escándalos de los diputados en los casos de ‘mameyes’ (compra de votos en el mismo pleno legislativo), la exoneración de autos de lujo, las actuales destituciones de fiscales por ‘coimeros’ (paga y te hago el favor) y corruptos, solo por mencionar algunas. Aprendí desde joven que los legisladores, hoy diputados, crean leyes, el Órgano Judicial vela por la justicia y el Ejecutivo administra el gobierno y ejecuta obras de interés socioeconómico. Tan claro que en las lecciones de cívica me las tuve también
que memorizar, como Es
justo entonces el disgusto del hermano Anelio Merry López, cuando dice
indignado: “Yo que nací y crecí en Kuna Yala no recuerdo haber vivido momentos de dictadura donde caciques o Sailagan (jefes tradicionales locales) dispongan de cualquiera cosa a su antojo, sino todo lo contrario, las decisiones se toman entre toda la comunidad y el Congreso General Kuna es el vivo ejemplo. Donde las 49 comunidades de la comarca toman decisiones de forma libre y conjunta, sea bien o mal pero es una decisión consensuada de forma democrática y no los tres o cuatro gamonales (como dicen) imponen criterios, tal como se hace en los países llamados democráticos. El único
sistema dictatorial que recuerdo haber vivido es aquel que todos conocemos
en Panamá”. (Tomado de un escrito abierto,
enviado al director del periódico «El Panamá América») De esta misma forma una amiga alemana y que no es indígena
expresa: “Cuando un cacique pierde el
respaldo de la población, puede ser remplazado por otra persona, y además las decisiones se toman en la asamblea general del Congreso General, de una manera participativa. Cada persona que haya asistido a un Congreso General puede afirmar lo que yo he visto con mis propios ojos y lo que se puede leer en muchas publicaciones de los politólogos y antropólogos”. (Tomado de una carta abierta enviada al director del mismo periódico, «El Panamá América», por la geógrafa Verena Sandner Le Gall). Si no pregúntenle a Rubén Blades. No tengo la menor idea de quién habrá escrito esas notas el día 31 de agosto del presente, en el diario «El Panamá América» y su columna El pulso de América. Pero lo que si creo, es que este señor o señora debe actualizar su bibliografía. Solo me quedaría sugerir a los
directivos de este diario que yo sin ser periodista, cuando escribo o hago una anotación, tengo mucho cuidado en no hacer acotaciones fuera de la realidad. Es por ello que se pierde la credibilidad de la prensa, si es que la han tenido alguna vez. Y es que estos comentarios cuando surgen de un columnista desfasado de la realidad y de estudios sociológicos, antropológicos y lingüísticos actuales, orientan a crear lo que se llama: una opinión pública,
tergiversada en todo su contexto. La
ignorancia sobre un tema obviamente debería conducirnos a descubrir o a investigar, pero la soberbia de muchos lleva a no reconocer su ignorancia y esa es una actitud negativa. Así mismo, cuando reconocemos que somos neófitos en un determinado tema es la forma más
consciente de respeto y deseo de adquirir y ampliar el conocimiento. La
anécdota de la geógrafa alemana Verena Sandner Le Gall, cuando se encontró con un estadounidense y hablaban sobre asuntos geopolíticos de Alemania, anota ella, en la carta enviada al director del diario, me trajo a mi occidentalizada memoria otra anécdota: Tuve la oportunidad de acompañar en una ocasión a Gilberto Arias (en aquel entonces era Argar, “decodificador del canto del Saila” y actual Saila Dummad, “Cacique General Kuna”),
a una reunión realizada en San Carlos de Bariloche, Argentina en 1998. Recuerdo que cuando llegamos a Argentina tuvimos que abordar un vuelo doméstico de Buenos Aires a Bariloche. Éramos tres la delegación dule, Iguayoikiler Ferrer, el Saila Gilberto Arias y yo. Yo, tuve que sentarme en otro asiento acompañado de una chica bonaerense, durante
el viaje entablamos una conversación, ella me dijo que era estudiante de medicina y yo le conté el propósito del viaje de nuestra delegación. Hasta que ella me preguntó de dónde era yo, le contesté que de Panamá. Ella, frunció su ceño en señal de duda y volvió a hacerme la misma pregunta. Volví y le dije lo mismo. Me di cuenta entonces que no tenía la menor idea de donde estaba ubicado Panamá. Con toda sinceridad, Ella me dijo que no ubicaba geográficamente Panamá. Cuando le dije que si conocía el Canal, me respondió enseguida que era una base de los gringos. Ella por lo menos tenía un punto de referencia geográfica e histórica. En
mi adolescencia urbana adquirí un amplio vocabulario urbano, aprendí escuchar “plena”,
a “pintear”, a “birrear”,
a “chotear guiales” a fumar “blanco y quenque”,
supe que era “juega vivo” y
otras “vainas”. Ya joven me seguían
llamando “indio” y tiré un “par de cincos”. Eso me enseñó la ciudad y la gran civilización. Me dijeron piojoso y después supe en un libro científico que el piojo lo trajeron los europeos. Hoy le temo a la sífilis,
a la gonorrea y al VIH. Todo eso es parte de la contaminación que proviene de la cultura occidental. Mi amigo Turpana, me diría y agregaría, estamos tan occidentalizados que ya bailamos salsa, merengue, vallenato, regué y tenemos prostitutas y corruptos. Esa es parte de nuestra realidad ¿A eso será que
nos quieren llevar los que anhelan la modernidad? Estoy
orgulloso de ser dule cuando he visto cientos de mola en museos y galerías de Europa y Abya Yala (América), y estoy seguro que se puede ver en muchas otras partes del mundo. Nunca ha habido un arte tan propagada salida de este istmo, no conozco todavía ni un pintor(a) panameño(a) que sus cuadros lleguen a ser tan reconocido como la mola. Me siento tan orgulloso cuando académicos extranjeros quieren conocer sobre nuestro sistema social, sobre nuestro sistema de administración de gobierno y sobre nuestro idioma. Hablo dulegaya sin ninguna vergüenza, porque sé que
es un idioma reconocido en Iguaniginape Kungiler 8 de Septiembre de 2005. Veracruz, Panamá |